martes, 3 de marzo de 2009

Hace años que no soy...

Hace años…
que no soy...caballo en celo. Hace años...que mis crines, se perdieron.
Hace años...que mis potrillas, me dejaron.
Hace años...que no cruzo ríos,estepas o desiertos.
Hace años...que bajo estrellas, ya no duermo.

Hace años,muchos años, son solo recuerdos…
Yeguas hermosas, inteligentes damas, decidme...haced memoria...
¿Desde cuando no trotáis, desde cuando, vuestros lomos,no han probado, el abrazo, el peso ,
el beso...de una silla de montar?


Recuerdos de infancia

Arrastrando las botas, desatados los cordones...calcetines sin colores, pantalones, cortos, de pana...llenos de remiendos..., ellas con faldas de paño...,todos con camisetas de algodón, camisas de franela...jerseys de lana... hechos por la abuela, alguna bufanda y nuestro gorro.

Cualquier día, de un noviembre frío, entre las hojas, marrones...sienas y ocres, acumuladas en la orilla del camino, estrellas muertas, que fueron verdes,
piel perdida por los castaños, ya desnudos, que bordeaban la vereda hacia la escuela....

Ese es mi recuerdo, repetido y mágico, de cuando apenas tenía ocho años, el recuerdo de un niño.
El camino, enorme entonces y de apenas un par de cientos de metros, que nos llevaba de nuestras casas a la escuela, y que recorriamos a diario, mi hermano, mis primas,mis primos...y yo.

Formabamos un grupo, una procesión de niños...de entre seis y ocho años, que arrastraban los pies y sus libros, haciendo un inolvidable ruido entre la hojarasca, húmeda y mullida, alfombra siempre llena de pequeñas vidas, hacia nuestro común destino, la escuela.

Mi primera escuela, de piedra y pizarra, recién hecha entonces,hoy desaparecida... nos esperaba con las chimenéas encendidas...una enorme estufa de serrin en el centro de cada una de las dos clases, una con las niñas, otra con los niños...

Estudiabamos separados, solo nos juntábamos al entrar, al salir y en el recreo...hasta que cumplíamos nueve años y, los que podían permitirselo, marchaban a la ciudad de las grandes campanas.. a estudiar su bachillerato, internos en algún colegio de curas o de monjas, para volver al pueblo algún fin de semana...pocos, en un autobús grande y lento...

Solo había un maestro y la maestra, un matrimonio de edad madura, encantadores, siempre mal pagados, pobres pero honrados...las personas que mas respetaba en mi pueblo y a las que les guardé siempre un reconocimiento profundo, el maestro fue casi como un padre, mejor aún..fué mi maestro, el que me enseño a amar a los libros, a descubrir el mundo desde una enciclopédia...a verlo dibujado en aquellos mapas de colores...que colgaban junto a la pizarra...a escribir con bella calígrafía, a tener disciplina y respeto...
La maestra, era una mujer menuda e inteligente, que ayudaba a escribir, con mucho esmero, las cartas a casi todo el pueblo...

Recuerdo los pupitres de madera, de un banco con dos asientos, tapa que se levanta...portalápices y tintero...de cristal, que rellenaba el maestro con tinta recién hecha... de un color azul intenso y espeso.

En los recreos salíamos al patio, escaso y pobre, de suelo de cemento y esquinas de barro...si llovía, como era la costumbe, nos cobijábamos debajo de los porches, a jugar a los juegos de entonces, con piedrecitas, trozos de cuero, tiza pintada en el pavimento..., aquellos cuadros en forma de cruz, saltar a la pata coja...risas, caidas, arañazos en las desnudas rodillas, manos sucias de barro, uñas negras, mofletes colorados, pelos alborotados....con piojos casi siempre.....ya no recuerdo como se llamaba el juego...

Algunos días, casi todos, nos daban un gran vaso de leche..sin azucar, agua caliente y leche en polvo, regalada, decian, por los americanos del norte...recuerdo los grandes recipientes de cartón con unas palabras escritas en un idioma desconocido entonces...Nunca me gustó, pero me la bebía, había muchos, demasiados niños que solo eso tenían , solo ese vaso tomaban, caliente, muchas de sus mañanas.
España era pobre entonces...y más pobre un pequeño pueblo perdido en las montañas...solo unas cuantas familias con prados de alfalfa, vacas...algún caballo, mulas y ovejas en pocas cuadras...un poco de madera en cada casa, recogida en el monte, para la lumbre...

La conocí entonces...
Ella era una chica lista, buena estudiante, ojos y pelo negro, seria...poco risueña, delgada, alta...un encanto, un buen proyecto de mujer....
Solo nos veíamos en los recreos, luego nada, ella a su casa con sus padres, yo a la mía, algún domingo a la salida de misa...algún baile, de niños, en la fiesta mayor, a finales de Junio por San Marcial.
Un día me guardé una onza de chocolate que me dieron en casa para merendar...todo un lujo, con mas harina que cacao, la comíamos, muy de tarde en tarde, con pan..ese pan de pueblo...grande,generoso... del que ya no hay, que sabía a pan, que olía a trigo y a leña...

Toda la noche la protegí de las ansiosas bocas de mi gente...y por la mañana, cuando la ví, se la dí ,envuelta en plata, en el recreo.
Toma, le dije, es para tí.
Me miró solo un momento, me sonrió y me dió un beso, mi primer beso...rápido, casi furtivo, precioso....se encendieron mis mejillas...y mi corazón cambió...
Ese día me hice mayor, había conocido lo que era el amor, mi primer amor.

A las pocas semanas mi familia emigró muy lejos...al sur, junto a un mar desconocido y bello...en busca de trabajo, de calor...de un futuro mejor....y ya no volví a verla

Pasaron los años....muchos años.

Despues de vivir, estudiar, trabajar...recorrer mil caminos, navegar por casi todos los océanos de este universo de pobreza y desigualdad...he vuelto a mi pueblo de visita.

La semana pasada la volví aver...vino al pueblo también de visita, de turista, con su marido, un buen hombre que la quiere y mejor padre, con sus hijas...hermosas e inteligentes como su madre, maravillosas estudiantes de perfecta educación.

Estuvimos hablando, me presentó a su familia que ya me conocía por lo que ella les había contado, siempre supo de mi a través de otros...conocía mi vida, siempre siguió mis pasos sin yo saberlo.

Con las bendiciones de su esposo y de sus hijas...nos fuimos a dar un paseo por el camino del río, y ella habló y habló...me contó, en lo que para mí fué un momento, todos esos años, desde que, poco después que yo, tambien marchase con su gente a buscar mejores pastos...

Ahora tiene cancer...está en un doloroso tratamiento que acepta resignada, que supera con esa estereza, esa fuerza interior que siempre la acompaña...ha perdido peso, está muy delgada, sus ojos son profundos y tristes...está mala.

Hablamos de nuestros recuerdos de infancia...
Siempre me acuerdo de tí, tú fuiste mi primer amigo, el que me dió aquella onza de chocolate... aquel fué el primer regalo de un niño...y mi primer beso.

Siempre me acordé de tí, la dije, fuieste mi primer amor...mi primer beso....la que cambió mi corazón.

Casi sin querer..nos pusimos a llorar los dos...como dos niños, como dos amigos que se quieren...nos fundimos en un abrazo...largo, sentido, único, irrepetible...

Despues de secarle las últimas lágrimas...nos volvimos en silencio...uno junto al otro...de vez en cuando nos dábamos la mano un momento, solo un instante...ella debió sentir mi calor...y yo la falta de él que en su cuerpo había...estaba muy enferma...y lo sabía.

Nos dijimos adios junto a toda su familia...no quise casi mirar...se me rompía el alma.

Hoy la he vuelto a recordar...solo espero que no traigan sus cenizas...me contó su último deseo...reposar junto a sus padres...en nuestro paseo por la vereda del río...junto a unos chopos que plantamos...cuando éramos dos crios.

Esta es la historia de hoy...recuerdos de mi infancia....mi escuela...una onza de chocolate...una hermosa niña...mi primer amor.

Llueve...la tierra tiene hoy mil tonos grises...muy tristes.
Sueño...con sueños de chocolate, son sueños de tierras en colores ocres y cielos con nubes.... de tonos grises.


Foto: En el centro de la foto, bailando con mi guapísima prima Terete, con gafas y trenzas, delante del Gran Hotel Benasque. Aparecen, de izq. a dcha. Jaimito, mi hermanito, mi querida primita María Pilar, la mayor de nosotros, Terete bailando conmigo y María Teresa bailando con su hermano Jose Antonio. Aproximadamente año 1959.

Verano de 1985

Sirenas...
amigas...
acomodaos...


Situaros en el tiempo...verano de 1985.
Hacía un par de años que había dejado de navegar, cansado de soledades, de sal, de ver miserias en casi todas partes...de no pisar tierra, de emborracharme...
Mi esposa y yo nos habíamos dado unos años de descanso, de libertad...para buscar otros caminos...y volver a estar juntos de nuevo si finalmente era eso lo que de verdad queríamos...,

Sin trabajo desde hacía unos meses, había mandado a freír espárragos a una multinacional francesa que además de explotarme a mí, quería que yo exprimiera las vidas de muchos currantes, hombres y mujeres, que tenía bajo mi responsabilidad en un gran hipermercado de una hermosa ciudad gallega, con ría y todo...

Ligero de equipaje para tan largo viaje, como dijo el poeta, decidí irme a Italia de excursión. No conocía aún Venecia, ni Milán, al que luego he visitado muchas veces, ni había paseado por las calles empedradas de Verona...esa maravillosa ciudad que con Romeo y Julieta siempre será inmortal.

A las pocas semanas, cansado de cultura, de historia, de piedras, de paisajes de ciudad, de pizzas y ya sin dinero...decidí regresar por la playa, caminando, desde Roma hasta mi casa, en el sur, entonces en Málaga.

Muchos días, con sus noches, tardé en recorrer paisajes ya olvidados...

Descalzo casi siempre, mochila a cuestas, pantalón corto, sombrero de paja al techo, sin afeitar, bastón de madera en mano y a caminar.

Iba sin guía, mi brújula era el sol, mi camino hacia el sur...no había perdida posible, siempre bordeando el mar, me detenía donde me apetecía, casi siempre una playa guarnecida de los vientos dominantes...una fuente de agua potable cerca...lejos los humanos...y si encontraba un huerto con comida en mi camino era un hombre feliz y agradecido.

Recuerdo, ya vagamente, mi paso por las costas italianas y francesas...importunado por las autoridades locales de algunos lugares...demasiado selectos como para admitir a aventureros como yo...aligeraba el paso.
Cruzaba raudo las ciudades, las carreteras transitadas, los acantilados sin playas y las fronteras...en las que siempre, a pesar de mis papeles en regla, me observaban como a un bicho raro...y seguramente lo era, pero no tanto.

En mi camino encontré a bastantes personas, normalmente en parejas...unos hacia en norte, otros hacia el sur...pero mas veloces, en bicicleta o andando siempre tenían un destino, mas equipaje y mas prisas…no eran como yo.

Ya no recuerdo el nombre ni el lugar...o no me quiero acordar, porque prefiero no volver a él y mantener mis recuerdos vivos y sin adulterar de lo que fueron unos días maravillosos en un paradisíaco lugar...de Cataluña, en las costas de Girona....en aquel lejano verano del 85.

Mi camino entre los pinos…me acercaba al mar, ellos también debían querer verlo pues prácticamente llegaban hasta la playa...era ya casi de noche...monté en un momento, como siempre, mi pequeña tienda de campaña, en la que apenas cabía yo y mi mochila y de no mas de medio metro de alto, de color verde, para pasar desapercibida....aunque no siempre se conseguía.
Donde comenzaba a oírse el rumor de las olas...
allí me preparé un té de sobre sin azúcar, que no tenía, contemplé las estrellas...me dejé abrazar por los sonidos del mar...y me dormí...
Me pareció escuchar por un momento vuestros cantos...Sirenas.

Al alba, con el trinar de los mas madrugadores inquilinos de los pinos, aun con un poco de frío...me puse mis sandalias de cuero y suela de caucho, había dormido con los vaqueros recortados a la altura de las rodillas y mi camiseta de algodón preferida....y me fui a reconocer el terreno, como debe hacerse en estos trances...

Había llegado a una hermosa playa, casi una cala, de aguas transparentes, solitaria a esas horas de la mañana, quien sabe en el fin de semana...no ví ni rastro de fuentes, nada de agua, ni duchas, ni papeleras...nada.
Avancé, ya descalzo, por la arena llena de conchas y de todo lo que no quiere el mar...hacia el sur...y, para mi sorpresa, encontré una hermosa playa....nudista.

Había gente, no mucha...parecía que todos habían dormido allí, se veían tiendas montadas…algunas ya abiertas...otras cerradas...sillas en algunas, unas duchas...una fuente con agua y un minúsculo chiringuito de playa, a esas horas con las sillas encadenadas... sin abrir.
No me lo pensé dos veces, fui a recoger mi campamento , dejado entre los pinos...y me instalé en la parte mas al norte de aquel paraíso recién descubierto.

Debo reconocer, sirenas, amigas...que era la primera vez que recalaba en un sitio así, había visto algún cartel por el camino...pero jamás, hasta entonces, se me ocurrió plantar mi tienda en uno de aquellos lugares, iría derecho al infierno.

Como españolito educado con los curas, a la antigua, con un sentido del ridículo...espantoso, tímido y vergonzoso casi siempre, decidido y valiente cuando la ocasión lo merecía...sentía mucho pudor...pero decidí, bendita elección, que no quería ser un textil mirón...así los llamaban a los que no se desnudaban en esos sitios, así que por primera vez en mi vida y con treinta y tres años..por dios...que vida llevaba...me convertí en uno más de los adanes que enseñaban sus vergüenzas en semejante paraíso.

Los primeros días apenas me deje ver por la parte mas concurrida, cerca del chiringuito...sería pudor o escozor...porque mi culo nunca había tomado tanto el sol...a base de horas, de alguna ampolla, de agua de mar...fui poniendo moreno en mi totalidad.

Mas confiado en mí físico, me acerque mas a las personas...a los hombres no, nunca me gustaron...solo me gustan las señoras, esas Sirenas enteras y bellas, que tostaban sus pieles paseando por la playa...Casi todas iban en parejas, había algún grupo no muy grande...hablaban en francés, inglés, catalán... algunos italianos y en castellano los menos.

Mantuve parte de mi timidez y no acostumbraba a pasear mis tres piernas entre tantas féminas, me dedicaba mas a nadar, a bucear, a recoger algún molusco para alimentarme...por las mañanas temprano me llegaba hasta unas masías que de todo tenían...y después de saltar sus vallas y hacer oídos sordos a los perros...con un miedo que te cagas...recogía mi cosecha de tomates, ensaladas, pepinos...de todo lo que se comía...tomaba prestado un poco.

Llegado a mi tienda...empezaba un ritual, para el almuerzo, de mas de media hora...partiendo, en múltiples cachitos, un humilde tomate, con una precisión de cirujano...aliñándolo con una pizquita de sal y un suspiro de aceite, guardado en un frasquito como quien guarda oro en líquido, nada de vinagre, ni pan...si acaso un trozo del duro o a empujar con los dedos.

Debía, creo, tener aspecto de un gran loco solitario y famélico, cual Don Quijote...había adelgazado bastante y aunque estaba sano y fuerte.... y el ejercicio continuo de mi peregrinaje había hecho asomar las olvidadas chocolatinas de mis años de deporte en la universidad....mi cara y mi culo debían de ser un poema , no me encontraba mal pero no podía ver muy bien mi aspecto…el espejo que tenía apenas medía cuatro dedos.

Sea por lo que fuere, que nunca lo sabré, en una de esas comidas dignas de el mejor de los eremitas...se me acercaron dos sirenas hablándome en francés...idioma que, a dios gracias, hablo con buen acento de Beziers...y me invitaron a ir con ellas a tomar un café a su tienda...y acepté.

Supongo que apiadándose de mis escasas provisiones...y de verme comer lapas a montones...al llegar a su morada me obsequiaron
como postre a mi tomate...con un buen surtido de quesos tiernos y franceses, con pan recién comprado… regando el gaznate con un vino tinto peleón enfriado en el mar...que me supo a gloria bendita, solo faltó la gaseosa...

Eran dos bellas señoras, sirenas...como vosotras, muy hermosas, morenas...de no mas de treinta años, cada una, bien equipadas en su delantera...moldeadas con curvas que aún me marean, pieles tostadas con muchos días al sol,
cabellos cortos, ojos alegres, manos pequeñas...

Allí, en bolas, tomando queso, sombra, vino y sol...hablando en gabacho de la vida...enseñandoles alguna palabra divertida en español...bebiendo, charlando, bebiendo...

Y se fué poniendo el sol.

Tarde interesante...estómago saciado para unos cuantos días...vino a discrección...que me desinibía.... a mi y a ellas.
Nos dimos un baño, nadamos en competición hasta las rocas mas cercanas...jugamos en el agua y en la playa como tres amigos que se conocen desde la infancia...

Estaba mojado, lleno de arena...feliz.

Me cogieron de la mano, cada una por un lado...y me llevaron a su tienda...decididas.

Os ahorraré detalles, sirenas...si acaso otro día os los cuento...pero debeis saber que ni en mis mas atrevidos sueños tuve la osadía de soñar que algo como aquello me podía a mi pasar...ni siquiera en el cielo.

Horas de amor...de piel que quiere piel...de labios que besan cada rincón...que juegan junto al mar...que saborean cada ola...cada grano de su sal...almas que olvidan sus penas...cuerpos que se entremezclan...placer...dar y recibir caricias...cariño...una pasión almacenada... por fin liberada de unos cuerpos...

Así debió ser el templo de Venus.

Por la mañana me fuí a nadar..las dejé en su colchón...dormían abrazadas como deben de dormir dos hermanas...o dos amigas del alma.

Al volver desde mis dominios de pesca...ya no estaban...al llegar a mi tienda encontré en una bolsa los restos de su nevera...queso, embutidos, pan, latas, algo de vino...
y para mi sorpresa...
un billete de mil...
envuelto en un papel...
que solo decía...

¡¡Merci!!

Al día siguiente, recogí mis cosas y me fuí.

Navegando por estos mares...

Navegando por estos mares...
inmensos y profundos...

Déjame que te cuente...
un poco de mi vida,
quiero compartirla contigo,
desconocida sirena....
buena amiga.

Anoche salí de copas, solo, hacía tiempo que no lo hacía, no me gusta perder el tiempo sin compañía, mostrar mi soledad en un pub...no es lo mío.

Uno...hasta dos gintonics de Bombay...bien de hielo, en copa grande y generosa...como a mi me gustan.

Solo estuve lo suficiente para escuchar unas cuantas baladas acompañadas de esas maravillosas gaitas celtas.

Poca gente...un par de extraños en la barra.
Al salir las estrellas me observaron.
Mi sombra, de soledad, por la calle Mayor paseando....

Al llegar, a mi pobre apartamento, como siempre...vacío mis bolsillos en la mesa...
pañuelo, llaves, monedero de piel de los de antes...y la cartera...
es un ritual que se repite cada día, cada noche.

No quiero ver la tele, no me gusta, voy a saludar a mis libros...ansiosos de mis manos y mis ojos...esta noche no, les digo.

Mi cama....abierta me espera,
vacía, fría...

Silencio....roto por el motor de la nevera.

Me he puesto mi pijama de algodón, dejado la ropa, sin colgar, encima de esa silla repleta....

Cerca, mi música predilecta,
hoy no pondré nada...estoy dormido.

Apago la luz de la mesilla,
abrazo a mi almohada,
me pongo de lado, mirando...
entre tejados grises de pizarra...
una noche muy oscura...
una estrella fugaz...
que pasa.

Las casillas, negras y rojas,
de mi calendario,
van desapareciendo...
se van consumiendo....
no volverán...

Dulces sueños me deseo....
de deseo,
quiero ver a mi sirena...buena
en mi mar...
quiero una noche de amor...
gozar con ella,
sentirla dentro....

Las olas me llevan...
me traen...
me llevan...
me...zzzzz